Ángel Igualada
Conversión
es cambio, cambio radical que los cristianos lo entendemos hacia Dios.
Vivimos en un mundo donde los ídolos de muerte exigen víctimas, el
sistema neoliberal muestra sus consecuencias inhumanas y crueles, el
poder se busca a toda costa, caiga quien caiga, el dinero es lo que
manda, los que no lo tienen son excluidos, vilipendiados, exterminados,
la imagen es lo que se valora, no importa la honradez, la verdad, la
persona.
Jesús también tuvo que vivir en un mundo de abusos,
de lucha de clases, de dominación, de falsedad de la propia religión,
de poder y de violencia, empobrecido, perseguido, crucificado. En esa realidad supo ver, como Job al verdadero Dios,
a un Dios Padre que ama a sus hijos, al mundo, supo descubrir cuál era
su voluntad salvadora sobre el mundo en una estrecha relación y
confianza hacia Él y anunciar que el Reino de Dios, opuesto al reino del
mal, es posible. Decía: “convertíos y creed en la buena noticia”.
Anunciaba el Reino de Dios no con palabras sino con palabras y hechos:
“Los ciegos ven, los cojos andan, los muertos resucitan y a los pobres
se les anuncia la buena noticia”.
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