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La experiencia de la confusión

¿Ante tanto sufrimiento, dónde está Dios?
Le hice a Eutiquio, esta pregunta, me respondió desde su corazón. Y como me dio luz, la comparto con vosotros:
“Creo que una de las primeras tareas que tenemos que hacer, es la experiencia de la confusión, del no entender, del no saber, de ser extraños en la propia tierra, en la propia Iglesia, en el propio grupo... Es la única forma de aceptar al otro en sí mismo y, como consecuencia, al Todo Otro. En todas las películas americanas citan eso de que "los caminos del Señor son inescrutables". ¿Quién me puede asegurar a mí ni a nadie que esta "agonía" (que significa lucha), entre la vida y la muerte no está siendo motivo de salvación para muchas gentes que viven con el complejo de facilidad? ¿Para muchos de nosotros, y que nos está cuestionando el sentido de nuestra vida, en vez de mandar "balones fuera" y pedirle cuentas a Dios? ¿Dónde está el sentido de la Encarnación?
 
No creo en el Dios omnipotente, sino el Dios débil y frágil, el que se vacía de sí mismo, el que se anonada y por eso es exaltado. Pero tampoco quiero enmendarle la plana a Dios. Por eso, que "no se haga lo que yo quiero, sino lo
que quieres Tú". Y esto, para mí, está siendo un desgarro.

Muchas veces me han preguntado dónde estaba Dios en la muerte de Jesús. Y no tengo más respuesta que, por haberse encarnado, no tenía otra salida que estar allí, en silencio, sufriendo con él. Y claro que había muchos, allí mismo, que según nuestros criterios merecían más la muerte. Afortunadamente Dios no sigue nuestros criterios.

Venga, un fuerte abrazo, Eutiquio. ”


(Artículo publicado en la Hoja Informativa 278)