La Pascua de Bartolo nos ha permitido profundizar en la amistad y la fraternidad.
Bartolo era una persona que se mostraba siempre positiva, aportaba su experiencia de Dios, su vida interior profunda y su deseo de continuar su búsqueda dentro de nuestra espiritualidad, en la que se sentía a gusto. Debido a sus circunstancias de trabajo y familia no podía venir a menudo a los encuentros de la Fraternidad, pero ciertamente el grupo de Murcia era su referente.
La enfermedad irrumpió en su vida, proceso largo y doloroso, durante el cual continuó agarrándose a la vida hasta el fin, diciendo siempre que le preguntábamos cómo estaba: “Mejor que ayer”.
La enfermedad se fue adueñando de él, se iba deteriorando. Fue muy duro para él, pues quería vivir y le costó cortar el hilo de la vida, relajarse. Lo hizo cuando fueron a verle sus mejores amigos. También fue duro para nosotros, testigos de que el camino que se le presentaba era abandonarse, dejarse hacer. Nos confrontó mucho con el misterio de la vida y la muerte que todos llevamos dentro, y nos invitó una vez más a fiarnos en el vacío del misterio y dejar que Dios sea Dios.
Las dos últimas semanas toda la Fraternidad se volcó en su cuidado, establecimos turnos, creamos un grupo de Watsapp para apoyarlo y organizarnos, también con su hermana, que agradeció muchísimo nuestra presencia y afecto . En este grupo nunca hubo exigencias, ni comparaciones, y todo fluyó con mucha libertad y generosidad. La familia de Bartolo expresó en varias ocasiones que habíamos sido de verdad su familia, y esto nos emocionó.
La Pascua de Bartolo, como la del grano de trigo caído en tierra, ya ha producido sus frutos: nos ha permitido profundizar en la amistad y la fraternidad entre nosotros y con su hermana Rosa y sus amigos. Nos ha permitido concretar la vivencia de los valores evangélicos y transmitirlos sencillamente, como dice Jesús en el evangelio de Mateo: “Estuve enfermo y me acompañasteis…”. Nos ha dado la oportunidad de vivir Nazaret en fraternidad, dando respuesta a la necesidad sencillamente. Como Fraternidad, nos ha unido en el acompañamiento, en la oración con él los últimos días, y ha sido una experiencia única para enfrentarnos con nuestros propios miedos y nuestro nivel de fe en la vida que no acaba con la muerte. Algunos de nosotros han expresado que ha sido una experiencia triste y hermosa a la vez, a través de una unión espiritual muy intensa, de fraternidad auténtica.